Aparentemente inocentes, las chanclas se han convertido en una auténtica pesadilla para los habitantes de las playas del norte de Kenia, adonde cada año las corrientes marinas arrastran decenas de miles de estas baratas zapatillas procedentes de toda Asia.
Así lo declara Julie Johnstone, experta en corales y fundadora de la innovadora The Flip Flop Recycling Company, una empresa única en el mundo especialista en la recogida de este tipo de zapatos, que luego transforman en todo tipo de utensilios.
Sólo en 2008, los 150 colaboradores que la empresa tiene patrullando las playas kenianas recogieron 12.000 kilos de chanclas desechadas, o el equivalente a 36.000 pares. En sus cuatro años de vida, han recogido 70 toneladas.
Desde su despacho-taller en Nairobi, la también conservacionista marina explica que los océanos se han convertido en inmensos vertederos de basura de todo el mundo y lamenta que hoy en día los océanos estén tan devaluados y que todas las basuras acaben en el mar, que sufre unos niveles de contaminación extremadamente altos.
¿Sabías que hay un vertedero flotante de un kilómetro de profundidad que se extiende entre Japón y Hawai?
Es una alusión a la masa flotante de plásticos y desechos que según denuncian desde hace años algunos científicos estadounidenses equivale a dos veces el tamaño de Estados Unidos.
El impacto medioambiental y marítimo, no solo de las chanclas sino de todo lo que acaba en el agua, es devastador. Según el Programa Medioambiental de la ONU, cuya sede mundial también se encuentra en Nairobi, los residuos de plástico causan la muerte de más de un millón de aves marinas al año, así como de más de 100.000 mamíferos acuáticos, que confunden cepillos de dientes, bolsas de plásticos y jeringuillas con comida. La misma agencia de Naciones Unidas estimó en 2006 que cada milla cuadrada de los océanos alberga 46.000 piezas de plástico flotantes.
Desde Nairobi, centro de operaciones de The Flip Flop Recycling Company, que el año pasado quedó finalista en World Challenge de la BBC, coordina la recogida y transformación de chanclas, pero también se encarga de que la tarea tenga un fin social, proporcionando un trabajo a los más necesitados, especialmente a las mujeres.
Nuestro objetivo es limpiar el mar, pero también dar un trabajo creativo a los locales, que aprendan que el arte puede ser una salida al desarrollo. La idea es lanzar el mensaje de que en África tenemos la solución a problemas globales como la contaminación de los océanos.
Johnstone también ha involucrado en la tarea a hombres y mujeres de Kibera (Nairobi), uno de los mayores poblados chabolistas del continente negro que da refugio a un millón de personas.
Todo empezó en la isla keniana de Kiwayu, en la frontera con Somalia, donde Johnstone trabajaba para WWF. De repente un día descubrió que las mujeres locales se dedicaban a recoger las sandalias y que muchos niños las convertían en juguetes.
Hoy, The Flip Flop Recycling Company no sólo hace juguetes, sino también todo tipo de complementos y útiles a partir de chanclas, pero también de bolsas de plástico, neumáticos y todo lo que salga del mar.
Fuente: El Mundo