La cotización del precio del petróleo es más caprichosa que nunca y es por eso que hay tanta fe en las energías renovables. Ahí es donde ponen ahora su dinero las fortunas de nuestro país. Los parques de aerogeneradores y de placas fotovoltaicas proliferan por el déficit energético de España y por la generosidad de las subvenciones públicas, que retribuyen la energía limpia que se acaba poniendo en la red de distribución eléctrica. La ingeniería catalana Hidroflot apuesta por una de las modalidades más desconocidas por el gran público, la energía proveniente de la fuerza de las olas del mar, un tipo de generación que los expertos ven con futuro y que, solo ahora, empieza a recibir apoyo y dinero. Hidroflot, con sede en Martorelles (Vallès Oriental), proyecta parques a merced de las embestidas del Cantábrico, en Asturias, y del Océano Atlántico, en Portugal.
Asturflot es la sociedad que prevé producir energía cerca de la costa asturiana antes del 2012. La compañía, que está negociando la entrada de nuevos socios, tiene como accionistas a Hidroflot y a la firma asturiana de construcciones mecánicas Asturfeito. La plataforma en proyecto tiene una potencia instalada de seis megavatios –se podría atender las necesidades de suministro de 3.000 familias– y exige una inversión de 14 millones de euros.
Ricard Prats, fundador y director general de Hidroflot, explicaba la situación:
Ahora estamos buscando el emplazamiento, para lo que dependemos del Estado y del municipio en el que se instale la subestación eléctrica que distribuya la electricidad. Ahora no hay ningún referente en España de conexiones a la red eléctrica de estas tecnologías de generación.
Portugal es otra cosa. Ese país es un referente. Allí Hidroflot participa en un proyecto encabezado por el grupo luso de construcción y servicios FDO. La ubicación: cerca de la población costera de Sao Pedro de Moel. Esa granja de olas o wave farm, que así se denominan estas instalaciones en el argot, podría estar produciendo energía en el 2011.
Las tecnologías que aprovechan la fuerza de las olas remontan sus orígenes al siglo XVIII, pero no fue hasta octubre del 2007 que se puso en marcha la primera granja de olas en la costa de Portugal. Los obstáculos no han sido pocos. Un equipo de investigadores escoceses redujo los costes de producción hasta equipararlos con los de la energía nuclear, pero en 1982 el Gobierno británico cerró ese programa, se rumorea que por las presiones de las nucleares.
En España –se queja Prats– este tipo de energía está incluido en un epígrafe sin una tarifa de subvención definida, a diferencia de lo que pasa con la energía fotovoltaica y eólica.
En cada proyecto se establece una tarifa diferente. En términos de rendimiento estamos a la par de la energía eólica, incluso algo mejor, y en comparación con la energía solar fotovoltaica somos entre seis y ocho veces más productivos.
Ahora bien, una cosa es el rendimiento energético, y otra el rendimiento financiero, para cuyo cálculo hay que tener en cuenta también las ayudas del Estado (inciertas para este tipo de energía).
Las plataformas de Hidroflot se instalan a un par de millas de la costa. Solo así se alcanzan profundidades de hasta 100 metros: cuando las olas son muy violentas, el ingenio, que tiene 28 metros de altura, se debe poder sumergir.
Fuente: El Periódico