La política industrial tiene importantes problemas de fondo en Catalunya, según el diagnóstico del líder de la UGT catalana, Josep Maria Álvarez. El último ejemplo es la compra por parte del departamento de Interior de una flota de coches del modelo Honda Civic con motor híbrido de electricidad y gasolina, que según el dirigente sindicalista ha roto una tradición de comprar coches de la marca Seat, fabricados en Martorell y que ha reabierto de rebote el debate sobre el nacionalismo en las adquisiciones que efectúa la Administración.
En este caso, para el sindicato, la decisión de Interior de adquirir 14 vehículos del modelo Civic ha beneficiado a los 4.800 empleados de la fábrica de Honda en Swindon (Reino Unido), que en el 2007 produjo 237.783 coches. Para Josep Maria Álvarez, esta compra demuestra la inexistencia de una política industrial adecuada. A su juicio, la Administración ha de actuar con pedagogía e impulsar la creación de empleo mediante unas compras que tengan en cuenta el impacto en la industria local.
El líder de UGT reconoce la importante ayuda que supuso para la fábrica de Seat en Martorell la adquisición de coches de la marca (principalmente el modelo Altea) para equipar las patrullas de los Mossos d’Esquadra durante la fase del despliegue. Solo en el 2007, la policía autonómica incorporó a su flota 251 vehículos con predominio de los modelos de Seat.
El departamento que dirige el conseller Joan Saura justificó la última adjudicación a Honda, por un importe de 243.503 euros, debido al interés en ayudar a reducir la contaminación y ganar en eficiencia energética.
Los nuevos vehículos, que tienen unas emisiones de 109 gramos de CO2 por kilómetro, se han destinado a los servicios territoriales, técnicos y Protección Civil. Para el líder de UGT, si la Generalitat ha decidido promover los coches híbridos puede tomar la iniciativa de apoyar a Seat para el desarrollo de esa tecnología, aunque recordó que la filial de Volkswagen dispone de coches con motor diésel con unas emisiones similares.
Las previsiones de Seat de reducir la producción en Martorell este año debido al descenso de las ventas generalizado en España y otros mercados europeos han amplificado el malestar sindical por la decisión del departamento de Interior.
El modelo a seguir es, según el dirigente sindical, el de Francia y Alemania, donde las administraciones compran coches y otros bienes a los fabricantes locales. España es uno de los países donde se tiene menos en cuenta la fabricación en el mismo país. Los coches made in Spain vendidos en España han ido perdiendo peso hasta llegar al 25%, frente al 63% en Alemania y el 54% en Francia.
En las flotas de vehículos de las administraciones de esos países es difícil ver algún coche que no sea de producción local. Una muestra de ese nacionalismo industrial es la del presidente francés, que tradicionalmente utiliza berlinas de las marcas Peugeot, Citroën y Renault de forma rotatoria, según informaron fuentes del sector. Nicolas Sarkozy se desplaza este mes en un Renault Vel Satis.
La falta de orgullo industrial es un mal generalizado de la Administración española, según Álvarez. Otro ejemplo es la compra por parte de Transportes Metropolitanos de Barcelona (TMB) de trenes fabricados por la empresa vasca CAF, que compiten con los producidos por Alstom en Santa Perpètua de Mogoda.
Aquí se ven muchos trenes de la marca CAF, mientras que en Bilbao no se da la misma proporción con los de Alstom.
Las últimas incorporaciones a la flota de autobuses de Barcelona tampoco han beneficiado a la planta de Iveco en Barcelona. TMB justificó la compra de 47 autobuses a la compañía Mercedes porque cumplen la normativa europea más exigente en materia de emisiones.
Quizá Josep María Álvarez debería coordinarse más con su sindicato, ya que mientras por un lado se reclama una mayor presencia de energías renovables y de políticas respetuosas con el medio ambiente, por el otro se acusa a una administración de no tener en cuenta la industria del país cuando se aplican esas políticas.
Una Administración debe actuar en beneficio de sus administrados y optar siempre por la mejor opción, no para primar la producción local y ayudar solamente a un pequeño sector, y si la compra de vehículos híbridos o que cumplan con las normativas, comporta beneficios medioambientales y económicos a los contribuyentes, bienvenida sea.
Estos vehículos híbridos, a parte de reducir el nivel de emisiones reducen también el uso de combustible, cosa que no pasaría con los modelos Seat diesel que comenta Álvarez, y resultarían más que apropiados para tareas de patrulla, en que la velocidad no es muy elevada y podrían funcionar la mayor parte del tiempo con el motor eléctrico, lo que permite ahorrar hasta un 40% de combustible.
El día en que Seat decida fabricar vehículos con motor híbrido en serio, y el día en que decida hacerlo en las factorías españolas, entonces si que se podría empezar a hablar, aunque con muchas reservas, de “falta de orgullo industrial”, que no es otra cosa que nacionalismo proteccionista encubierto. Lo que hagan en Francia u otros países no debería importar demasiado ya que, si en el caso de los híbridos lo que viene de fuera es “falta de orgullo y perjudica al país”, ¿que significaría importar políticas desde administraciones foráneas?
Fuente: El Periódico
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