La gran defensora de la Amazonia salió del Gobierno hace dos semanas y esto cuestiona si el plan gubernamental de desarrollo económico de Brasil pasará por encima de las cuestiones ambientales. Primero, porque la ex ministra era vista como un punto de resistencia para que eso no ocurriera. Segundo, por las causas que llevaron a su salida: presiones de otros ministros, de algunos diputados y del poderoso sector agroindustrial de Brasil.
La ex ministra se había pasado cinco años en lucha contra sectores que exigían la aprobación de obras comprometidas para el medio ambiente, como fábricas hidroeléctricas y carreteras en la Amazonia. Su táctica era no conceder las licencias hasta que todas las garantías ambientales fuesen aseguradas, un proceso que podía llevar años. Para los opositores, la postura de Silva retrasaba el desarrollo de Brasil.
El acoso del lobby agroindustrial se intensificó después de la aprobación de duras leyes para limitar la deforestación, como la prohibición de créditos para la producción en propiedades donde se había comprobado la tala ilegal de árboles. Las presiones acabaron empequeñeciendo políticamente a Marina Silva y prácticamente la aislaron.
Después de lo sucedido, la designación de Carlos Minc para el Ministerio del Medio Ambiente tiene una doble función. El economista reúne atributos para apaciguar los ánimos de los ecologistas: él mismo es miembro de movimientos ecologistas desde la década de los setenta, creó el Partido Verde en Brasil y ha llevado a cabo una contundente actuación en favor del medio ambiente durante los 20 años en que fue diputado en Río de Janeiro. Pero las razones del nombramiento de Minc no se restringen sólo a su trayectoria verde. Lo que le garantizó llegar al ministerio fue el modelo menos burocratizado de concesión de licencias ambientales adoptado por él en la secretaría de Medio Ambiente del Estado del Río de Janeiro, que comanda desde hace 15 meses. En este tiempo, el órgano ha marcado un récord de aprobaciones, incluidas obras complejas desde el punto de vista medioambiental. El caso más emblemático es el de un polo petroquímico de Petrobrás, un proyecto valorado en casi 7.000 millones de euros cerca de un manguezal, ecosistema brasileño muy susceptible a cambios. La obra obtuvo licencia en seis meses, la mitad del tiempo que la empresa esperaba.
Ese modelo de agilidad es visto con buenos ojos por el Gobierno y por los empresarios, pero deja a los ecologistas con los pelos de punta.
Carlos Minc asume el Ministerio con el reto de probar a los críticos que Brasil no va a dar un paso atrás en la cuestión ambiental. Una tarea difícil, pues implica ponerse en medio de la guerra de intereses que derrumbó a Marina Silva.
Las primeras propuestas que ha divulgado agradana todos. Mantener todos los programas del ministerio da esperanza a los ambientalistas. Agilizar el proceso de licencias medioambientales es una exigencia latente de los sectores político y empresarial. El nuevo ministro también recibió del presidente Lula la luz verde para la creación de una guardia nacional ambiental para la vigilancia de las áreas de reserva ambiental de la Amazonia.
Fuente: El País















