En el campo de las energías renovables, como en otros muchos ámbitos, la topología distribuida parece adecuarse mejor que otras a los desafíos de los tiempos en los que vivimos. No obstante, cuando son las administraciones públicas que abrazan lo distribuido para incorporarla a planes gubernamentales de fomento de los renovables, tantas veces con consecuencias perversas, el resultado puede dejar mucho que desear.
Los economistas Alison y Steve Sexton han demostrado, en un estudio con datos de Estados Unidos, que las personas que se consideran «verdes», puestas a comprar un coche eléctrico, eligen el Prius y no otro por su imagen asociada ya imborrablemente a «lo verde». A este fenómeno de consumo identitario de renovables lo llamaron conspicuous conservation, derivado del conspicuous consumption, acuñado por el economista Thorsten Veblen el siglo pasado, y que significaría algo así como «consumo con el fin de destacar en la sociedad». Dentro de este tipo de consumo incluyen la instalación de paneles solares en la parte del tejado de la casa que da a la calle, sea o no el más soleado y, por tanto, el más rentable a primera vista.
El problema se presenta cuando la instalación de placas solares en el lado sombreado del tejado se subvenciona con fondos públicos como está previsto que suceda en California. Y no sólo en el lado sombreado del tejado sino en territorios de muchas nubes y nieblas de la costa, siendo esta más habitada por personas que se definen como «verdes» que los terrenos soleados del interior, donde la inversión pública estaría, considerando la rentabilidad económica, mejor empleada.
Sin ayudas públicas sería probablemente más fácil que las personas se den cuenta de que su propia inversión en paneles solares en el tejado de su casa no les sale rentable ni en el lado soleado (si este es el caso), y ponerse de acuerdo entre ellas para alquilar un lugar que sí recibe suficiente sol de modo que que merezca la pena poner en marcha una granja solar cooperativa e identitaria.
Fuente: Freakonomics
Imagen: Educima
Sabemos por Becker (y creo además que fue por eso que le dieron el Nobel) que el ciclo sobre el que se toma la decisión y el que motiva la subvención pueden ser distintos. Osea, hoy la energía solar no es rentable sin subvención en tu casa ok, pero si sube el petróleo como es previsible, lo que te será rentable no es ponerlo después, sino haberlo puesto ahora. En esos casos una subvención supone un ahorro rentable (si consideras el dinero de los impuestos como tuyo) a medio plazo. Si hay un ejemplo claro de este argumento es justamente el caso que se cuenta. Osea, aún en el caso de consumo conspicuo el resultado es probablemente rentable en términos monetarios para el conjunto de contribuyentes… y sobre el centro del argumento -que a corto no lo sea para el que se pone paneles para parecer «verde»- en cualquier caso, sólo las propias personas son jueces válidos de su propio bienestar.