La preocupación por el estado de conservación de la selva amazónica ha sido una constante desde hace años. A pesar de los intentos de ingerencia de Europa y Estados Unidos argumentando que la Amazonía era cosa del planeta y no de los Estados (siendo estos, por supuesto, “los mejores para defenderlo“), Brasil, que acoge en sus fronteras a la mayor parte del pulmón amazónico no ha cesado de idear políticas y respuestas que garanticen la mejora de su cuidado.
El último proyecto del Ministerio de Medio Ambiente brasileño consiste en dividir la Amazonía en 10 regiones, en cada una de las cuales se adoptará una estrategia distinta para evitar la degradación ambiental. El proyecto se llama Macrozoneamento Ecológico Económico y establecerá una regulación de tipo económico destinada a la protección ambiental, distinta para cada una de las divisiones.
Según el diario Folha On Line, “el estudio, cuya realización llevó dos años, incluye una recomendación al Consejo Monetario Nacional para que en algunas áreas haya restricciones a las financiaciones destinadas a negocios agrícolas y ganaderos“.
Por su parte, el diario Estadão afirma que el proyecto del ministro Minc “rompe varios tabús y resucita algunas de las pesadillas de los ecologistas“, en referencia a que el documento conserva obras de infraestructura del Plan de Aceleración del Crecimiento, incluso las que acortan áreas de preservación, aunque impone sin embargo restricciones al negocio agrario y crea un muro de protección a lo largo de 1.700 kilómetros en el borde sur de la Amazonía, para impedir que la deforestación afecte al corazón de la selva. El ministro informó de que se trata de una medida destinada a cumplir los compromisos asumidos por Brasil ante Naciones Unidas para la reducción de la emisión de gases de efecto invernadero.
El proyecto preserva obras importantes para el desarrollo como las hidroeléctricas del Río Madeira y la Carretera Transoceánica, pero permite la destrucción de partes de la selva nativa. El documento incluye la terminación de obras polémicas, como la pavimentación de la Transamazónica, y da luz verde a la construcción de la carretera que une Cuiabá (en el Mato Grosso) y Santarém (en Pará) y que atraviesa territorios indígenas y áreas de protección ambiental.
Según el ministro Minc, el objetivo del proyecto es “compatibilizar la producción económica con la preservación de la mayor selva tropical del planeta, que ya perdió más del 13% de su extensión original“.
El documento fue aprobado por los nueve gobiernos provinciales de la región y dirigido para su análisis a la Casa Civil antes de ser enviado al Presidente Lula.
Fuente: Ecosfera
Imagen: Pooja Kakar
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