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Flota ecologista en Barcelona

Publicado el 05 Octubre 2008 por Arnau Fuentes

Han llegado de diversos puntos del Mediterráneo para lanzar un mensaje a los cuatro vientos: “Podemos y debemos proteger nuestros mares y costas”. Desde ayer, 25 barcos oceanográficos y conservacionistas, la mayoría veleros, se exhiben al público en el Moll de la Fusta de Barcelona coincidiendo con el congreso de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Hasta el próximo jueves, sus pasarelas estarán tendidas a quien desee conocer sus historias y compartir la causa que les mueve a surcar los océanos.

Bajo el lema “¡Rumbo a Barcelona!”, la iniciativa organizada por la misma UICN en colaboración con Obra Social de Caixa de Catalunya ha sido capaz de reunir embarcaciones de aspecto y vida sorprendentes. Es el caso de la francesa Tara. La goleta, más espacial que marina, fue diseñada para cruzar el ártico inmersa en el hielo, explica Colomban de Vargar, investigador del próximo proyecto del bote, cuyo objetivo consiste en levantar un exhaustivo inventario de la biodiversidad oceánica de todo el globo.

Un empresario francés, Etienne Bourgois, la bautizó al adquirirla después de que su antiguo propietario, el regatista neozelandés sir Peter Blake, fuera asesinado en la misma nave por unos piratas brasileños. La aventura más reciente del barco fue la travesía del océano Ártico a la deriva, incrustado en una placa de hielo. La hazaña duró nada menos que 16 meses, hasta que en enero del 2008 la Tara se soltó del hielo y alcanzó el otro lado del círculo polar. Durante la odisea, sus tripulantes se dedicaron a estudiar el impacto del calentamiento global sobre la banquisa.

Hace ya tres años que la modesta Diosa Maat limpia su turbio pasado con la lucha por la conservación de las costas y las aguas españolas. La que fue una embarcación dedicada al narcotráfico, pertenece desde el 2005 a Ecologistas en Acción. En realidad el barco es de la Audiencia Nacional y el depositario judicial es la ONG, aclara Jorge Sáez, uno de sus tripulantes.
Las tareas de reparación se alargaron más de un año. Luego, el bote se convirtió en una auténtica aula de naturaleza flotante para niños y jóvenes, con exposición incluida pese al reducido espacio. Además, fue dotado con todo tipo de sensores y dispositivos, los cuales permitieron a Ecologistas realizar sus investigaciones y campañas.

Uno de los barcos más llamativos es el Largyalo, un catamarán inspirado en la tradición polinesia. El alemán Rupert Kellner vendió sus negocios para comprar las maderas con las que haría realidad su sueño. Él y Petra Wolfinger, su mujer, construirían con sus propias manos una embarcación 100% autosuficiente tras ocho años de sudor.

Teníamos la idea de que gastara el mínimo combustible fósil. Es el barco más grande de este tipo jamás construido.

La gran superficie les permitió instalar numerosos paneles solares de última generación. El Largyalo se mueve ahora a la búsqueda de fondos para poder llevar a cabo su plan futuro: dar la vuelta al mundo en 1.000 días para hacer sesiones de trabajo con las que resolver problemas ambientales.

Fuente: El Periódico

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