China e India, dos de los miembros del grupo de representantes de las naciones emergentes que celebran estos días en Japón una cumbre paralela a la del G8, con los países más desarrollados, manifestaron al término de una de sus reuniones que no están preparadas para asumir el compromiso de reducir en un 50% sus emisiones de CO2 de aquí a 2050.
En ambos casos se quiso señalar que no cerraban las puertas a tomar las medidas oportunas para alcanzar el objetivo marcado. De hecho, se calcula que sólo entre India y China contribuyen en un 25% al conjunto total de emisiones del planeta.
La noticia supone un jarro de agua fría sobre un compromiso promovido por los países más poderosos que incluso convenció en su términos a la siempre reticente delegación estadounidense. De hecho, la adhesión de Washington suponía la primera ocasión en la que los Estados Unidos se une a un tratado de este tipo.
Tras su reunión de este miércoles, los líderes de 16 economías avanzadas, los mayores emisores mundiales de dióxido de carbono, reclamaron en Hokkaido recortes profundos en las emisiones globales de CO2, sin marcar una fecha. Ese llamamiento lo hicieron al término de un encuentro celebrado durante la cumbre del G8 sus ocho países miembros (EEUU, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Canadá, Rusia y Japón), cinco naciones emergentes (China, la India, Brasil, México y Sudáfrica) y Australia, Indonesia, Corea del Sur y Sudáfrica.
Durante la llamada Reunión de las Grandes Economías (MEM) en Hokkaido, las naciones desarrolladas señalaron que marcarán metas de reducción a medio plazo, en 2020 o 2030, y que los países en desarrollo atajarán el aumento de las emisiones futuras, según señala un comunicado conjunto. En su reunión, la Reunión de las Grandes Economías (MEM) dijeron que la posibilidad de conseguir logros a largo plazo dependerá de tecnologías innovadoras, asequibles y más avanzadas, y de prácticas que transformen la forma en que vivimos, producimos y usamos energía. El compromiso adoptado es todavía más difuso del anunciado este martes por los líderes de los países ricos durante este encuentro.
Mientras tanto, los países emergentes, que participaron también en la reunión de hoy, opinan que se precisa una responsabilidad compartida equitativa contra el calentamiento global y que el G8 debería recortar sus emisiones en 2020 entre un 25 y un 40% frente a sus niveles de 1990.
Tras la reunión de, las organizaciones ecologistas volvieron a criticar las decisiones adoptadas en esta cumbre de Hokkaido (norte de Japón), por considerar que no suponen ningún avance. Greenpeace indicó que el comunicado de MEM es vacío y que la reunión ha sido inútil, mientras el grupo WWF señaló que es el resultado de la falta de liderazgo del G8 para la reducción de emisiones.
La situación es exactamente la misma que en las anteriores reuniones tanto del G8, como del IPCC como de cualquier encuentro o cumbre realizada con anterioridad. Los países desarrollados dicen que es necesario reducir, que los países emergentes deberán reducir mucho más, y los éstos dicen que si, pero que no están preparados, que necesitarán aplicar nuevas tecnologías, y que estas tecnologías deberían llegar de forma gratuita. Por su parte, las organizaciones ecologistas consideran, y con razón, que estas reuniones no sirven para mucho. Los unos por los otros, y el mundo sin barrer.
Fuente: El Mundo







