La creación, por parte de administraciones públicas, de condiciones alejadas del mercado para fomentar la inversión en plantas de energía solar, está teniendo consecuencias perversas, como lo demuestran ejemplos de España y Ontario (Canadá).
En este segundo caso, para determinar las primas, la administración pública estimó que hacían falta incentivos cinco veces el precio de mercado para fomentar la energía solar. Como consecuencia de las primas, los precios de la electricidad ya empezaron a subir. El contraargumento es que la energía renovable sólo provee el 3% de la electricidad total, por tanto la subvención tendrá poco efecto en los precios. Sin embargo, para cuando ese porcentaje crezca, ¿seguro que queremos haber sentado las bases de ese mercado sobre mentiras?
Además, se estableció que los componentes para instalar las plantas debían venir de proveedores de Ontario. De nuevo, se olvidó que las barreras comerciales siempre provocarán más daños que beneficios no sólo al país contra el cual se levantan estas barreras, sino también al país que las levanta. Barreras que, por cierto, no impidieron que el gobierno de el primer gran contrato de 7 mil millones de dólares a Samsung.
El caso de Ontario es otro ejemplo más para recordar el papel correcto de las administraciones públicas en el mercado de las energías renovables: el de ayudar a establecer un marco básico de confianza, dentro del cual pueda construirse un mercado libre.
[...] El reforzado discurso verde del sector de la energía solar también coincide con una paridad con la red (el punto en el que se iguala el coste de producir energía solar con el precio de referencia de la red eléctrica) cada vez más cercana en Europa y por tanto, de menos mercados de mentira en el ámbito de las renovables. [...]