El uso de pingüinos como indicadores ecológicos de los océanos del hemisferio sur es tan antiguo como las primeras expediciones a la Antártida a principios del siglo XX. Para facilitar su seguimiento, uno de los procesos más habituales es el anillamiento, consistente en marcar a determinados con una anilla que sirva para identificarla.
Mediante esta técnica se han recogido datos que han influido enormemente en nuestra comprensión de los efectos del cambio climático en los ecosistemas marinos. Desgraciadamente, nuevos estudios demuestran que estos datos podrían no tener validez, al demostrarse que los pingüinos anillados tienen una vida significativamente distinta a la de los no anillados.
Esta hipótesis, que ahora podría haberse confirmado gracias a un trabajo publicado en Nature, viene ganando peso desde hace unos años, cuando estudios preliminares mostraron que la tasa de supervivencia de los pingüinos anillados caía casi un 15% a lo largo de tres años. La justificación, de alguna forma, es que llegaban más tarde a las áreas de cortejo y alimentación. Debido a que este dato no era definitivo y a la existencia de resultados que ponían en duda esta hipótesis, el anillado se sigue usando todavía.
En este nuevo trabajo, el procedimiento consistió en implantar un chip RFID subcutáneo a un número de pingüinos y, sólo a la mitad de ellos, colocarle la tradicional anilla. El resultado del estudio de 10 años concluido ahora es que los pingüinos anillados morían, durante los 5 primeros años, hasta un 30% más que los no anillados. Tras los primeros cinco años, los pingüinos anillados sólo tienen un 16% más de tasa de mortalidad. De esta forma, las conclusiones catastrofistas sobre el cambio climático en el polo sur podrían haber sido extraídas en base a datos con una desviación nada despreciable.
Según los investigadores la desviación introducida al anillar a estos pájaros es doble: de un lado la tasa de mortalidad queda anormalmente alta, del otro los pingüinos supervivientes son especialmente fuertes en promedio, al haber muerto todos los ejemplares más débiles. Para explicar que este hecho haya pasado desapercibido, los investigadores explican que si las condiciones son excepcionalmente buenas, tanto los animales anillados como los no anillados pueden alimentarse sin problemas, pero una vez las condiciones se van endureciendo, llegar tarde a las zonas de parada donde buscar alimento puede ser dramático.
Los investigadores afirman que el problema no es tanto un cambio medioambiental como que la anilla parece entorpecer significativamente la capacidad de nado de estas aves.
Noticia: Nature
Foto: Ars Technica