Hace cinco años en Portugal, país quemado por el sol y batido por el viento, se iniciaron una serie de proyectos ambiciosos de energías renovables, explotando principalmente los recurso eólicos y hidroeléctricos pero también la luz del sol y la olas del océano. Hoy los bares de moda de Lisboa, la fabricas de Oporto y los resorts de lujo del Algarve reciben suministro energético, en gran medida, de energías limpias.
La energía eólica de base terrestre – considerada este año “potencialmente competitiva” en relación con los combustibles fósiles por la Agencia Internacional de la Energía, en París – creció 7 veces en estos cinco años. Por lo que Portugal espera convertirse, en 2011, en el primer país en inaugurar una red nacional de estaciones de reabastecimiento para automóviles eléctricos.
Aunque la experiencia de Portugal demuestra que el progreso rápido es posible, demuestra también el precio de tal transición. Los precios subieron un 15% en los últimos cinco años, probablemente a causa del programa de energías renovables, afirma la Agencia Internacional de Energía.
Para forzar la transición energética en Portugal, el gobierno de Sócrates reestructuró y privatizó los servicios públicos de energía con el objetivo de crear un marco más adecuado para las fuentes de energía renovables. Para atraer empresas privadas al nuevo mercado portugués, el gobierno les ofreció contratos a precio fijo durante 15 años.
La iniciativa de Portugal fue motivada por la necesidad: con los índices de vida creciendo y sin producción propia de combustibles, el coste de las importaciones de energía (petróleo y gas natural) se duplicó en la última década, pasando a representar el 50% del déficit comercial del país, y volviéndose altamente crítico.
El sistema de luso de distribución es hoy una calle de dos sentidos. En vez de suministrar sólo electricidad, también la recoge hasta de los generadores más pequeños, como por ejemplo, paneles solares en casas particulares. El gobierno da cabida a esas contribuciones estableciendo un precio ventajoso para quien compre electricidad generada por paneles solares.
Portugal está ahora en el buen camino para alcanzar el objetivo, en 2020, de que el 60% de su electricidad tenga origen renovable y el 31% de sus necesidades estén cubiertas de esta forma, incluyendo la energía hidroeléctrica a gran escala.