Si pensamos en energías renovables, pensamos en eólica, solar, biocombustibles, geotérmica, hidráulica etc., cuando lo verdaderamente revolucionario, lo que traerá la auténtica abundancia de energía, será la fusión. Será el cambio más grande que vayamos a experimentar en los próximos 40 o 50 años cuya única pega parece ser que el tiempo que todavía queda para desarrollarlo excede, aunque tampoco con mucho, la escala humana.
Según Steven Cowley, director del Culham Centre for Fussion Energy, «dejaremos de depender del carbón, del petróleo o de los recursos que tengamos en cada país. No se podrá acaparar la energía ni impedir el acceso a la energía de los demás, porque se podrá disponer de energía siempre que se tengan los pensamientos adecuados, la capacidad adecuada. Creo que eso es bueno para los seres humanos».
La fusión es el tipo de energía que utilizan las estrellas y consiste en unir partículas de hidrógeno hasta que se convierten en helio, a temperaturas de 150 millones de grados. Es una energía limpia y realmente abundante ya que, si fuera la única fuente de energía que se utilizara el mundo, duraría 30 millones de años. No está exento de riesgos -como no lo está nada en el mundo- pero, según Cowley, «el peor accidente de una central de fusión no requeriría evacuarla, y eso en el peor de los casos».
La primera electricidad de fusión podría llegar a finales de los 30 aunque con mayor voluntad política y de financiación, podría llegar antes. Se podrá convertir en masiva hasta la segunda mitad de este siglo, cuando existan cien reactores.
Uno de los hitos en este camino es la construcción del Reactor Termonuclear Experimental Internacional en Francia, que a Europa le costará seis mil millones de euros, muchísimo menos, por ejemplo que las subvenciones que ofrece al resto de las energías que, o bien contaminan o no son competitivas.
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