A pesar del fracaso de la Cumbre de Copenhague, lo países siguen mareando la perdiz con los objetivos de reducción de emisiones para 2020 con respecto a 1990, que fueron motivo de una auténtica competición para ver quien subía más sus buenas intenciones. Ahora la Comisión Europea afirma que subir de su 20% de reducción prometido al 30 tendría un coste menor de lo previsto debido a la crisis.
Los anteriores informes europeos de evaluación del impacto económico de reducir las emisiones un 20% daban un resultado de 70.000 millones de euros anuales. A día de hoy, revisados los cálculos, ese mismo coste serviría para llegar al 25% y la comisaria de Acción por el Clima, Connie Hedegaard, se ha tirado al a piscina sugiriendo subir a 81.000 millones de gasto anuales para aumentar la apuesta al 30%.
Según Hedegaard, la crisis económica ha favorecido la reducción de las emisiones de CO2 en la Unión Europea y la caída de los precios del carbón.
Eso sí, la decisión seguiría en manos de los líderes de la Unión (que no es mucho decir) y desde luego estaría condicionada por un compromiso similar de reducción del resto de potencias. Por eso, en realidad aún es precipitado avanzar nada, pues queda mucho por discutir. De nuevo se trata de quedar bien con argumentos muy discutibles en una situación como la actual.
La comisaria afirmó que desde luego no es el momento adecuado, después de ser preguntada sobre la marcha atrás de Bruselas en su defensa del 30% por presiones de la industria francesa y alemana.
La defensa de este inmenso coste es que se traduciría en un estímulo para la innovación, mejoraría la seguridad energética y contribuiría a la creación de empleo. Además, según datos de la Agencia Internacional de la Energía sobre las políticas de reducciones, “cada año de retraso supondrá una inversión añadida de entre 300.000 y 400.000 millones anuales“.
Fuente: Europa Press
Imagen: Environment-Green