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Ingenieras descalzas de la India

Prácticamente no sabe leer ni escribir; cursó hasta tercero de primaria y es una pies descalzos, una campesina del estrato más humilde de la región india de Rajastán. Pero a Sita Jyogi, una mujer de rostro curtido que roza la treintena, la llaman “ingeniera”. El título se lo ganó a pulso: es experta en fabricación y mantenimiento de placas solares. Ella y otras cinco mujeres de pies descalzos han llevado la energía solar a una decena de aldeas del desierto con paneles que ellas mismas construyen e instalan.

Estas campesinas, que jamás pudieron tener una formación convencional, son alumnas aventajadas de una escuela muy especial: la Universidad de los Pies Descalzos, gestionada por la comunidad de la pequeña aldea de Tilonia.

“No emitimos diplomas ni certificados, porque no creemos en ellos. Creemos solo en la habilidad, la inteligencia y la disposición a aprender“, dice el responsable de la sección de desarrollo de las mujeres, Ram Karan.

El centro lo creó en 1972 el activista bengalí Bunker Roy, seguidor de Gandhi y convencido de que el analfabetismo no es un obstáculo para el desarrollo. Con dos colaboradores, Roy fundó una organización de voluntarios para dar educación práctica a los pobres de entre los pobres, los campesinos sin recursos. Al principio les enseñaban cuestiones como el acceso al agua potable y fundamentos sanitarios. La tecnología solar llegó después, en los 80, gracias a Chandok, un ingeniero indio que trabajó como voluntario en Tilonia. Al ver el deficiente estado de electrificación de las aldeas, enseñó durante un mes a un profesor pies descalzos los entresijos de los paneles fotovoltaicos y las baterías solares. Este, a su vez, empezó a formar a mujeres campesinas, y así nació el departamento de Energía Solar, del que han salido unos 750 técnicos.
La sección de Energía cuenta hoy con un equipo de media docena de mujeres, aldeanas de la zona, que junto con un par de profesores enseñan a las estudiantes a fabricar y mantener placas solares. Sita es la coordinadora: llegó en el 2003 y pronto aprendió a construir hornos solares con grandes parabólicas y espejos.

“Ahora enseñamos a construir hornos y paneles fotovoltaicos a grupos de mujeres del campo que pasan aquí entre seis meses y un año”, “Mi marido es obrero y emigró a Nueva Delhi para trabajar en la construcción. A él le parece muy bien que yo trabaje aquí”explica Sita, madre de un bebé de apenas un año

No es el caso de otras mujeres cuyos esposos ven con malos ojos que abandonen sus tareas del hogar para ir a la escuela.

“Cuando eso sucede, nos reunimos con los maridos. Al comprobar que a largo plazo mejorará su calidad de vida, la mayoría lo acaba entendiendo”, dice Karan.

Entre el equipo de ingenieras pies descalzos se encuentra Sanju Devi, una madre de cinco hijos que es un caso aún más excepcional: es sordomuda y jamás acudió a una escuela convencional, pese a lo cual ingresó en la Universidad de Tilonia hace dos años y hoy es una ingeniera más. La comunicación tampoco ha sido un problema para cuatro mauritanas que llegaron en febrero para una formación de seis meses. Ninguna habla inglés y mucho menos hindi, pero han aprendido a fabricar y reparar baterías, paneles y linternas solares.

“Nos comunicamos por gestos, ven cómo lo hacemos y lo copian, y así aprenden. Cuando regresen a Mauritania montarán sistemas de energía solar en sus aldeas”, explica un responsable del taller.

Y es que la iniciativa de Tilonia ha tenido tanto éxito que en los últimos años se ha trasladado a otros países en desarrollo gracias a los fondos del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y varios organismos públicos y privados. Ello ha permitido que por la escuela hayan pasado en los últimos años mujeres de Afganistán, Bolivia, Etiopía, Sierra Leona, Gambia, Malí, Camerún y Bután.

La universidad tiene asimismo secciones de almacenamiento de agua potable, artesanía, reciclaje, comunicación social e igualdad, fabricación de textiles y una pequeña clínica en la que forman a trabajadores sanitarios. Además, gestiona en la zona 150 colegios nocturnos para dar educación práctica a los niños que tienen que trabajar durante el día y no pueden ir a una escuela normal.
Tilonia es un laboratorio educativo donde lo que cuenta no es la forma, sino los resultados. Y a diario recuerdan lo que decía Gand- hi: “La alfabetización en sí misma no es educación. La mejor educación está en dedicar cada minuto de la vida a cosas útiles”.

Fuente: El Periódico.com

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  1. Ingenieras descalzas de la India

    [...] Ingenieras descalzas de la Indiawww.ecoperiodico.com/noticias/energia-noticias/renovables-no… por Ryo hace pocos segundos [...]

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