A nivel global, el 16% de la electricidad proviene de instalaciones hidroeléctricas. Actualmente, la hidroeléctrica es la tecnología renovable más ampliamente establecida y fiable, capaz de suministrar energía a regiones tan amplias como Brasil, que cubre el 80% de las necesidades de electricidad de esta fuente o Noruega, que lo cubre en un 100%. La última década, en especial, ha visto un incremento espectacular en la capacidad hidroeléctrica. De ahí que no esté de más preguntarse hacia dónde se encamina esta tecnología y a qué retos se enfrenta.
Respecto a los aspectos económicos, se observa que en el sector privado se contempla la hidroeléctrica cada vez más como un buen negocio, no sólo en cuanto a la construcción de nuevas presas sino también, sobre todo en Europa y Estados Unidos, lo que respecta a la modernización de existentes.
En cuanto al cambio climático, según un informe publicado la semana pasada por el Panel Intergubernamental del Cambio Climático, si bien a nivel global y calculando una media, éste será positivo para la hidroeléctrica debido a mayores precipitaciones, por ejemplo en Noruega, también dará lugar a mayores variaciones entre regiones y años, lo que hará que la hidroeléctrica sea algo menos previsible y fiable. Por consiguiente, la minihidroeléctrica será especialmente vulnerable ante este tipo de cambios.
Donde haya eólica, se espera que la hidroeléctrica sea cada vez más un recurso complementario. En Europa, debido al crecimiento de la eólica, hay un importante interés en el llamado «almacenamiento bombeado». Esto consiste en bombear agua hacia arriba con capacidad eólica sobrante (típicamente nocturna), para su aprovechamiento por el día en los momentos de menos viento.
Volviendo al efecto del cambio climático, las presas pueden cumplir un rol importante en el control de inundaciones, en las cuales se espera un incremento en las próximas décadas.
Finalmente, otro asunto que ha cobrado importancia con el crecimiento espectacular de la hidroeléctrica durante la última década, son las emisiones de metano provenientes de la descomposición de la vegetación inundada para la construcción de presas. Si bien algunos proyectos intentan aprovechar ese metano para la producción de electricidad adicional, la clave está en priorizar el mantenimiento y modernización de las presas ya construidas para reducir al máximo la necesidad de la construcción de presas nuevas.
Fuente: The New York Times
Imagen: Electrosector