La inacción política en relación a los problemas del medio ambiente está llegando a límites tales que los científicos empiezan a recomendar acciones extremas y a investigar mucho más las técnicas de geoingeniería con tal de conseguir “refrigerar” la Tierra.
Desde sembrar los océanos con óxido de hierro para favorecer el crecimiento de plancton a crear nubes de forma artificial para bloquear la luz del sol.
La Royal Society ha publicado una serie de recomendaciones al respecto, con una introducción escrita por Brian Launder de la Universidad de Manchester y Michael Thompson de la Universidad de Cambrigde, advirtiendo que
Aunque este tipo de intervenciones a gran escala puedan ser arriesgadas, puede darse el caso de que se sea mejor que no hacer nada. El sentimiento al respecto que los diferentes gobiernos están fallando en todos los aspectos relacionados con el clima crece por momentos.
En una entrevista al periódico británico The Guardian, Launder asegura que el sistema de reducción de emisiones no va a hacer cuadrar los números y que por eso ses necesario empezar a buscar otras soluciones mediante geoingeniería para ganar tiempo, y poder investigar y desarrollar nuevas tecnologías.
Por ahora, es como hablar de parar la Segunda Guerra Mundial con una bomba atómica, pero sin haber investigado lo suficiente como para desarrollar la fisión nuclear.
Las opciones que presenta la geoingeniería se han debatido durante años como la ultima línea de defensa para controlar la temperatura del planeta si todas las demás medidas fallasen. Sus detractores dicen que son simplemente una forma de desviar la atención de los intentos de reducir las emisiones de CO2 y que seguramente tendrían efectos colaterales desastrosos, como la acidificación de los océanos que causa la disolución del dióxido de carbono en el mar.
El año pasado el mismo IPCC rechazó la geoingeniería como una medida válida por ser “especulativa, no existir pruebas del beneficio que reportaría y por el alto riesgo de efectos no deseados”.
Alice Bown, del Centro Tyndall para la Investigación del Cambio Climático en la Universidad de Manchester:
No es que sea partidaria de empezar a modificar la atmósfera, ya que podrían darse nuevas situaciones desconocidas. Pero el caso es que con el aumento de la temperatura seguramente va a causar situaciones desconocidas. Si estamos fallando en las acciones para reducir la cantidad de CO2 en la atmósfera, se deben empezar a tomar en consideración nuevas opciones.
Bows, junto con Kevin Anderson han publicado un artículo en la revista de la Royal Society en el que cargan contra los políticos, asegurando que han menospreciado la escala del cambio climático. En su artículo aseguran que el acuerdo de rebajar las emisiones en un 50% para el año 2050, en un intento de limitar el aumento de la temperatura global a 2º, carece totalmente de base científica y podría dar lugar a políticas totalmente erróneas.
Según estos científicos, las emisiones crecen a un ritmo tan rápido que para conseguir ese aumento de solo 2º, se deberían recortar esas emisiones drásticamente en 2015 y luego seguir rebajando un 6.5% anual
Martin Rees, presidente de la Royal Society asegura que
No está muy claro que la geoingeniería funcione, aún es menos claro el impacto social medioambiental que pueda generar, o si sería prudente o políticamente aceptable adoptar alguna de esas medidas. Pero es necesario esclarecer estas dudas. Ninguna de estas acciones va a solucionar el problema de forma definitiva y no deben convertirse en una distracción.
Fuente: The Guardian


A riesgo de parecer un poco conspiranoico, creo que estas soluciones tan atractivas habría que pasarlas por el filtro del principio de cautela y evaluar fría y objetivamente si realmente son mejores que la “alternativa 0″.
Puestos a tomar medidas drásticas podríamos plantearnos cambios en las formas de consumo, distribución de la riqueza, organización del trabajo…
Para alimentar el debate dejo un enlace a un artículo crítico con la geoingeniería (pdf 840 KB)