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No sólo de renovables vive el hombre

Publicado el 26 Febrero 2008 por Redacción

Las fuentes renovables van conquistando muy lentamente las cuotas de generación de energía en todo el mundo. Ya sea por iniciativa propia de las eléctricas o por imposición de nuevas leyes. Aún así, no es oro todo lo que reluce. Cualquier instalación de energías renovables, especialmente los parques eólicos, levantan un cierto rechazo. Tanto de los habitantes de las zonas proximas como de los mismos grupos ecologistas que, paradójicamente, proponen este tipo de fuentes energéticas.

El freno que suponen las alegaciones a la mayoría de instalaciones supone un retraso en la adopción de estas nuevas fuentes, lo que no supondría ningún problema si al mismo tiempo no se exigiera el cese inmediato de las actuales fuentes de energía y electricidad, como las centrales nucleares, las centrales térmicas y el uso del petróleo, así como las negativas, casi sistemáticas, a toda nueva tecnología o recurso que pretenda reducir los niveles de emisiones o encontrar nuevos tipos de combustible.

Cuando se trata de biocombustible, éste no es sostenible ya que se produce en detrimento de cultivos destinados a la alimentación. En caso de provenir de un cultivo no destinado a la alimentación, porque se destinan millares de hectáreas de bosque, o simplemente porque se trata de estrategias publicitarias. Teniendo en cuenta que una de las principales organizaciones ecologistas admite abiertamente realizar sus campañas en base a la cuota de atención mediática que pueda obtener, resulta bastante chocante el tachar una iniciativa como “tactica publicitaria”.

Por desgracia, los niveles de aprovechamiento o eficiéncia de las fuentes renovables dista bastante de las fuentes actuales, y un cese inmediato de éstas, sin garantizar el suministro energético mundial, solamente tiene un escenario: el regreso a la época pre-industrial, con todo lo que esto comporta.

Teniendo muy claro que una de las soluciones al cambio climático pasa por reducir drásticamente el nivel de emisiones mundiales, por todo el mundo surgen nuevas investigaciones, técnicas y propuestas para mejorar, por ejemplo, la eficiéncia de los paneles solares, que actualmente se encuentra entre el 20 y el 30% (en el mejor de los casos), o la implantación de combustibles menos agresivos, incluso en aviación.

Una de las posibles soluciones para reducir el nivel de emisiones de gases de efecto invernadero podría ser la captura del CO2, bien antes que éste se libere a la atmósfera, bien ’secuestrándolo’ de la misma, y almacenarlo bajo tierra.

Pese a ser una de las opciones incluidas por el IPCC, al que, por lo visto, sólamente se recurre cuando las circunstancias son favorables, la mayoría de grupos ecologistas también rechazan la captura de carbono como posible solución al problema de las emisiones, basándose en que la técnica entraña muchos peligros, que la solución real pasa por reducir la quema de combustibles fósiles y que almacenar CO2 bajo tierra viene a ser esconder la basura bajo la alfombra.

Lejos de ser una táctica para esconder la basura bajo la alfombra, esta técnica podría proporcionar nuevos recursos en un futuro. Sin embargo, las alarmas se encienden automáticamente en cuanto aparece, ni que sea en un comentario o estudio, el tema del almacenaje.

Puede que algunas de las propuestas no sean la solución definitiva, pero negarse a adoptar ninguna solución, ni que sea temporal, también podría considerarse esconder el problema y retrasar la solución, con todas sus consecuencias, que no todos parecen estar dispuestos a aceptar.

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