Cuando uno llega en avión a Valencia de noche, lo que más sorprende es la cantidad de luz que se ve mirando por la ventanilla. Y es que Valencia lidera la lista de ciudades con elíndice más alto de contaminación lumínica y el mayor gasto energético por habitante en alumbrado público: 10 millones de euros anuales en total, que supone el 40% del gasto energético urbano.
Esta contaminación lumínica ha provocado que el Observatorio Astronómico de Valencia abandonara sus instalaciones en la ciudad y se trasladase a 100 km de Valencia en 1995, movimiento al que le siguió la instalación de 30.000 farolas más por parte del consistorio.
El alumbrado público valenciano se usa para alumbrar tanto al cielo como a los árboles, creando un falso día que permite sentarse a leer un libro a las 4 de la madrugada sin problemas y trastocando los horarios de los pájaros, que no saben cuando tienen que dormirse.
Desde el ayuntamiento, comentan que la iluminación sirve para mejorar la seguridad de los peatones frente a los vehículos y de la ciudadanía, reduciendo robos y atracos en las horas “nocturnas”.
Fuente: El País















