El crucero turístico de lujo Explorer realizaba un recorrido de dos semanas alrededor de la Antártida, a un precio de 5400€ por persona, cuando el pasado viernes chocó con lo que en un principio se pensó que era una ballena, pero que luego resultó ser un iceberg.
La vía de agua provocada por el choque hizo que la sala de maquinas se inundara y que el capitán ordenara abandonar el barco.
Tras evacuar a los pasajeros y la tripulación, lo que queda en la zona es una mancha de 40 kilómetros cuadrados de los 185.000 litros de diesel de los tanques del Explorer, que ahora reposa a 1000 metros de profundidad.
La secretaria de Medio Ambiente de Argentina, Romina Picolotti, sobre-voló la zona y cree que la situación no es dramática, aunque considere que, gracias al aumento del turismo de lujo que visita la zona en losúltimos años, unos 30.000 turistas anuales, y que el hecho de navegar por la Antártida no es lo mismo que hacerlo por el Caribe, esto tenía que pasar un día u otro.
La zona del naufragio se encuentra dentro de la Reserva Natural de la Humanidad que establece el Tratado Antártico, y el gobierno argentino está estudiando demandar a la empresa canadiense dueña del Explorer y exigirle que se haga cargo de la limpieza, a la espera de saber si el casco del buque hundido resiste la presión y no suelta el resto del combustible que aún contienen sus tanques.
Fuente: El Mundo















