Expo Zaragoza ha pensado hasta el último suministro para intentar que todo lo que se consuma durante la exposición sea ecológico.
Urinarios que no consumen agua y no huelen, vajillas que se convierten en abono, bolsas hechas con patata, lápices salidos del reciclaje de cedés…. Casi todo será verde en las 25 hectáreas del recinto de Ranillas con el fin de minimizar la generación de residuos y contribuir al objetivo estratégico de que la contaminación sea tendente a cero. Esta política se está aplicando desde el primer día en las tres oficinas de la organización, ya que el propio personal pretende hacer realidad el lema de la Exposición Internacional, agua y desarrollo sostenible.
Una de las medidas que más llamarán la atención serán los urinarios. La sociedad pública ha contratado su suministro a una empresa catalana, cuyo diseño, mantiene limpio el sanitario sin recurrir a descargas de agua ni de químicos. “Ha obtenido el premio Construmat con un sistema que utiliza un líquido biológico para impedir el olor”, explica Maite Gálvez, directora de recursos ambientales de la Expo.
También se pretende compensar el consumo energético de la Expo con la producción de energía limpia mediante dos parques eólicos en el sur de Zaragoza y las placas solares fotovoltaicas que se instalarán en las cubiertas del área central de pabellones y en el monte junto al barrio de Juslibol.
La responsable ambiental de la Expo también pone mucho énfasis en los detalles: “La vajilla de los restaurantes será convencional, de loza, en los que ofrezcan servicio a la carta y en el resto será biocompostable. De este material, producido con componentes orgánicos que tras su paso se convierten en abono, también serán los vasos, cubiertos y envoltorios de comida de los quioscos-bar, como las hamburgueseras”.
Con este mismo material se han fabricado lápices y bolígrafos, abanicos y embudos para reciclar aceite. “Hay suficientes fabricantes en España para hacer una Expo ecológica”, concluye Gálvez.
Fuente: Expo Zaragoza 2008















