Es difícil proponer un plan para que la acción de contaminar tenga unos valores de mínimo impacto. Nadie se atreve a decirnos una solución satisfactoria ni viable. Pero como siempre en nuestras manos está utilizar los recursos de los que disponemos, ya que parece que no hay recetas mágicas, tenemos que poner todo nuestro concimiento y todo nuestro empeño en intentar que las cosas cambien.
Y sí, está bien que las autoridades en el tema digan que el medio ambiente está muy perjudicado y que cada año producimos más CO2 y que cada día que pasa es un peldaño más que recorremos hacia la destrucción del planeta.
Pero todo esto hay que verlo como algo que estamos haciendo mal y que tenemos que cambiar nuestros hábitos para hacerlo mejor. Y necesitamos verlo con esparanza, fomentar mucho más las costumbres de respeto a la naturaleza y premiar todo lo encaminado al equilibrio ecológico del planeta.
No podemos dejarnos llevar por ideas derrotistas y siempre tendremos que plantearnos la perspectiva más positiva y constructiva. Porque lo que no vamos a hacer es renunciar a nuestra propia identidad como seres humanos. Esto no quiere decir que no seamos compatibles con el entorno que nos vio nacer.
Este comentario es una llamada a la esperanza y una petición de colaborar todos en la medida de nuestras posibilidades, y utilizando nuestro conocimiento para mejorar nuestra estancia en nuestra casa la Tierra.







