En medio de un nuevo recrudecimiento del eterno conflicto palestino-israelí las partes enfrentadas se ponen de acuerdo en algo. La ONG Amigos de la Tierra de Oriente Medio está formada por miembros israelíes, palestinos y jordanos que exigen una solución para la situación del Jordán, río sagrado para cristianos, judíos y musulmanes, que sufre de un decrecimiento del caudal y de contaminación a causa del progreso económico de la región del último medio siglo.
Según la ONG, el famoso río ha sido ignorado por las autoridades durante años, lo que ha provocado que sea utilizado (como es normal en cualquier parte del mundo) como fuente de recursos y también como desagüe de zonas urbanizadas, pero sin planes para atenuar los efectos del crecimiento urbano ni para instalar sistemas de limpieza de las aguas de un caudal con un fuerte significado cultural desde hace más de 2.000 años.
Es este carácter legendario el que está ayudando a la ONG a dar publicidad a los esfuerzos por frenar su degeneración.
Según los denunciantes, el 96% de los 1,3 billones de metros cúbicos de agua que el río debería tener, son desviados para el uso doméstico y agrícola de ciudades y pueblos de Jordania, Cisjordania e Isreal, así como para su uso en piscifactorías. El desvío más importante se produce en realidad en los afluentes del Jordán de ambos lados (sirio-jordano e israelí). Los 30 millones de metros cúbicos restantes están contaminados. La asociación ambientalista señala que lo que queda es un río pequeño, con poco caudal (tres metros de profundidad y treinta de ancho) y sucio, uno de cuyos tramos (el Bajo Jordán) podría terminar desapareciendo en los próximos años si no se hace nada para remediarlo.
Los efectos colaterales del estado del Jordán son un aumento de la salinidad del Mar Muerto (así como también un descenso de su cantidad de agua) y el peligro que supone para miles de peregrinos, que se sumergen en el río contaminado emulando a Jesucristo en su bautizo.
No obstante, no todo son malas noticias. A pesar del catastrofismo de los ambientalistas, el Estado de Israel pondrá en marcha dos plantas purificadoras de aquí a 2013 y entrará en vigor una ley que obligará a los dueños de piscifactorías a limpiar el agua usada antes de devolverla al río.