El ex-vicepresidente de los Estados Unidos Al Gore y la fundación Alianza para la Protección del Clima han empezado una campaña publicitaria de 3 años y un presupuesto de 300 millones de dólares para reclutar 10 millones de abogados y activistas para crear leyes que sirvan para recortar las emisiones de gases de efecto invernadero.
La campaña se presentó en el programa “60 minutos” del pasado domingo. El primer anuncio de la campaña, en la web We can solve it (podemos arreglarlo), compara la lucha contra el cambio climático con la invasión de Normandía y el movimiento por los derechos civiles en los años.
En la presentación de la campaña hace unos días, Cathy Zoi dijo que el objetivo será replicar el éxito de campañas publicitarias anteriores de la administración en los Estados Unidos, como en la que aparecía un huevo frito con el lema “Tu cerebro cuando tomas drogas” u otra en la que aparecía un indio americano llorando ante la visión de un paisaje completamente contaminado.
John P. Murry, profesor asociado de marketing en la Universidad de Iowa y que ha estudiado las campañas publicitarias de la administración, asegura que el presupuesto podría ser inadecuado:
Creo que el presupuesto para la campaña contra el cambio climático debería ser 10 veces superior. Coca-Cola y Pepsi se gastan cada año más de un billón de dólares en promoción. En estos términos, 100 millones por año me parece muy poco.
Algunos expertos en comunicación han visto que el público está muy dividido respecto a estos temas, y que el problema no aparece casi nunca en las preocupaciones de los votantes. Zoi aseguró que el objetivo es reclutar a personas “influyentes”.
Personas que hablan con mucha más gente cada día que la media normal
El anuncio tuvo bastante repercusión en la blogsfera estadounidense, aunque muy diferenciada. Mientras algunas reacciones fueron de apoyo total, también hay quien se pregunta, siguiendo con la polémica de la financiación de los proyectos de Gore, de donde saldrán esos 300 millones, o que ese dinero podría gastarse en investigación energética.
Fuente: New York Times















