Bill Gates, magnate de la informática y mayor accionista de Microsoft, habría subvencionado personalmente un proyecto dedicado al desarrollo de técnicas de control climatológico cuyo objetivo final sería contrarrestar el cambio climático, según informa Times Online.
Bill Gates habría contribuido con 300.000 dólares estadounidenses (unos 235.000 euros) al proyecto Silver Lining que pretende “generar nubes artificiales para vencer a los gases de efecto invernadero“.
La realidad podría, sin embargo, ser muy diferente. Los responsables del proyecto Silver Lining declaran en el apartado de investigación, que entre sus objetivos últimos están el desarrollar un mejor conocimiento de cómo se comportan las corrientes atmosféricas y de cómo aerosoles naturales pueden influir puntualmente en el clima, sin hacer mención en ningún momento ni a cambio climático ni al efecto invernadero.
Además, y según los propios investigadores, el proyecto (con un presupuesto total de varios millones de euros) está preparado para comenzar porque “no hace falta esperar a que esta actividad se regule, ya que no estamos más que levantando agua del mar y el efecto cesa en cuanto detenemos nuestras máquinas“.
Las limitadas afirmaciones, en cuanto a objetivos, del proyecto parecen más acorde con la realidad que las valientes afirmaciones periodísticas que anuncian que el proyecto parcialmente subvencioado por Gates pretende, formando nubes de vapor de agua artificiales, frenar el efecto invernadero. Algo que tiene mucho sentido porque desde ámbitos científicos se ha criticado recientemente la afirmación de que existe tal calentamiento global, recalcando que los datos que tenemos hasta ahora no permiten concluir tal cosa y prefiriendo el término cambio climático que, además, no siempre sería negativo.
En cuanto a la viabilidad del proyecto, falta todo por demostrar, pero no debemos olvidar que el vapor de agua es, en sí, un productor de efecto invernadero. Uno ignorado por el sólo hecho de que el agua es menos nociva que el CO2 para la vida humana, pero un gas productor de efecto invernadero al fin y al cabo.
De modo que, de entrada, resulta contraintuitivo usar nubes de agua para detener este efecto. Y aún habría que preguntarse con qué tipo de energía se moverán los barcos y las turbinas necesarias para generar aerosoles y nubes artificiales de forma permanente… ¿usarán energías renovables o, por contra, funcionarán quemando combustibles fósiles y paradójicamente contribuyendo al efecto invernadero?
Fuentes: Times Online, FayerWayer
Imagen: FayerWayer
weno esta chevr est proyecto no kiero k el mundoo c akab okz ose a xao