La sequía más grave de los últimos 70 años coincide con una gestión de los recursos que vierte demasiados litros en tierra de nadie. Aún así, la Generalitat insiste en aplacar la demanda hídrica: hace un mes, regaló 650.000 dosificadores que disminuyen el consumo doméstico hasta el 7%.
Entretanto, la red catalana pierde el 25% del agua en el recorrido de las plantas de distribución hasta los grifos domésticos, según un estudio del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos basado en datos de la Agencia Catalana del Agua (ACA). El informe incrementa la cifra que esgrime la Generalitat, que calcula las pérdidas en el 17%, y añade que la media catalana está por debajo de la del conjunto de España, que pierde el 17,9% del agua transportada. Alrededor del 10% de las pérdidas, estima el estudio, que aún no se ha hecho público, es directamente atribuible a fugas no controladas, pero 120 hectómetros cúbicos anuales serían recuperables, según el estudio.
Mientras tanto, algunos ciudadanos se sienten culpables por afeitarse con el grifo abierto.
De cada 100 litros de agua potable vertidos a la red, 25 acaban filtrándose por el camino, lo que supone que el rendimiento es del 75%. Los técnicos afirman que una conexión sin fugas es una quimera, pero sitúan el rendimiento óptimo de una red alrededor del 85%.
Estos 10 puntos de diferencia se traducen en un despilfarro anual de 120 hectómetros cúbicos. El consumo anual de las cuencas internas de Cataluña es de unos 1.200 hectómetros cúbicos. Los ingenieros de caminos estiman que estos 120 hectómetros que se pierden son recuperables y que repercuten en las reservas de los embalses bastante más que el agua perdida en muchos lavados de dientes.
Un experto que solicita permanecer en el anonimato lo dice bastante claro:
Los esfuerzos deberían centrarse en reducir estas pérdidas grandes y no ahogar tanto a los ciudadanos.
El deterioro de la red deriva de fugas acumuladas durante décadas y acrecentadas por el desgaste de las cañerías que abastecen Cataluña, lo que según Antoni Tahull, consultor de medio ambiente del COlegio de Ingenieros Industriales de Catalunya, forma parte de la tradición nefasta de mala planificación y gestión del agua.
Es el caso del acueducto de Cardedeu, construido en la década de 1960, y que a su paso por Badalona escupe 216.000 litros potables a una mina cada día. La fuga se conoce desde 2005, aunque nadie sabe cuándo se abrió la brecha -los vecinos opinan que podría llevar ocho o nueve años expeliendo agua-.
Los tres años verificados han servido para malbaratar un total de 2,33 hectómetros cúbicos de agua, lo que equivale a una quinta parte del embalse de Siurana, ayer en el 17,4% de su capacidad, pero que con la afluencia del manantial de Badalona, este embalse alcanzaría hoy el 36,5% de su volumen.
El regidor de Medio Ambiente de Terrassa, Màrius Massallé, expresa claramente el sentimiento que provoca:
Un desperdicio que mina la moral a cualquiera.
Fuente: El País















