En un símil del “que hable ahora o calle para siempre”, ayer se aceptó la culpabilidad del ser humano en el calentamiento que esta sufriendo el planeta desde hace 50 años. Los 450 delegados aceptaron el texto preparado por el IPCC sin polémicas ni cambios. Nadie habló.
Párrafo a párrafo, en la reunión revisa hasta la posición de la última coma, aunque no se discute el texto. Los datos son inamovibles. Esto hace que todo avance muy lentamente, ya queayer a ultima hora de la tarde aún se revisaba la página 8 del documento de 22 páginas, por lo que se acordó alargar la sesión.
El párrafo más polémico de todo el informe, el que sitúa la culpabilidad y la responsabilidad del ser humano en el aumento de la temperatura del planeta, es el siguiente:
La mayor parte del incremento observado en las temperaturas medias desde la mitad del siglo XX se debe, muy probablemente, al incremento observado en los gases de efecto invernadero antropogénicos.
El párrafo pasó sin demasiados problemas, ya que los países saben que es tarde para rebajar ese punto. Solamente los Estados Unidos de América pretendieron aclarar la acción del efecto de la radiación solar y el efecto de los volcanes, e intentó que se reconociese que si la quema de carbón ha aumentado desde el año 2000 es porque los países se están desarrollando, ligando así crecimiento económico y emisiones de gases, para luego destacar el potencial de la energía nuclear para reducir esas emisiones.
Por su parte, China intentó añadir menciones a las responsabilidades del calentamiento, que cree que son únicamente responsabilidades de los países desarrollados, y Suiza quiere incidir en el problema de los glaciares y su deshielo.
Como en cualquier avance para llegar a un consenso, la velocidad es terriblemente lenta, aunque la decisión ya está tomada. La humanidad es la exclusiva responsable en el cambio climático y el calentamiento global. Nadie lo puso en duda ayer en Valencia cuando se ledio la oportunidad.
Aún así, la humanidad debería haberse reservado la opción a contradecir esa afirmación si en el futuro se consiguen datos y pruebas que demuestren lo contrario. Un “que calle hasta que se demuestre lo contrario”.
Fuente: El País







