Planktos es la empresa estadounidense que quiere sembrar océanos con polvo de hierro para estimular el crecimiento del fitoplancton, para que éste absorba más cantidad de CO2. Sin embargo, ya empieza a surgir un movimiento de oposición.
La Organización Marítima Internacional ya ha manifestado sus preocupaciones por los experimentos de Planktos, que según la OMI, aprovechan el vacío legal existente.
Hasta hoy, todos los experimentos de fertilización del fitoplancton se han realizado a pequeña escala y bajo condiciones de control estricto. Ahora, Planktos quiere verter 100 toneladas en mar abierto, inicialmente en una zona de aguas internacionales a 350 km al oeste de las Islas Galápagos, algo que Stuart Banks, oceanógrafo de la Fundación Charles Darwin, no ve con buenos ojos:
Planktos está introduciendo un riesgo desconocido difícil de seguir, controlar y medir.
Tras las críticas de diversos grupos ecologistas y del gobierno de Ecuador, y las amenazas de interceptar el barco destinado a esta empresa, la empresa norte-americana se niega a revelar la situación de su próximo experimento.
Para Russ George, fundador y director de Planktos, este experimento no busca solamente el beneficio económico que le reportaría en caso de éxito, si no que el objetivo principal es restaurar ecosistemas marinos. George remarca el hecho que las poblaciones de plancton, la base de la pirámide alimenticia del mar, llevan disminuyendo años a velocidades alarmantes.
Kenneth Coale, que ha liderado varios experimentos más modestos de fertilización con hierro, no lo ve así:
Ahora mismo, este tema lo están desarrollando capitalistas que quieren obtener beneficios de fertilizar el océano, y la ciencia ha pasado a segunda fila en este debate.
Con todo, Russ George tampoco asegura un éxito total y reconoce que no se pueden predecir completamente las consecuencias de este experimento por falta de datos y conocimientos, razón por la cual se quiere realizar esta prueba.
Fuente: El País















