En estos últimos meses, los productos ecológicos han experimentado un crecimiento espectacular. Desde una casi infinita variedad de productos alimentarios, hasta nuevas tecnologías y vehículos de transporte privado, pasando por productos de cosmética, materiales de construcción, textil, turismo y hasta banca ecológica, así como también se aprecia un aumento de nuevos sitios donde poder comprar estos nuevos productos, tanto en comercios tradicionales, como en Internet.
Uno de los primeros signos de esta explosión fue la norma por la cual solamente los productos provenientes de agricultura ecológica podían usar la palabra “bio”.
Hace unos años, solamente podíamos comprar ciertos artículos, especialmente alimentarios, en pequeñas tiendas especializadas, o en mercados tradicionales, con una etiqueta en la que se reconocía que ese producto no contenía pesticidas, ni transgénicos y estaba cultivado “como antes”.
De repente, empezaron a aparecer productos incluyendo “bio” en la etiqueta, pero solamente a nivel comercial, con lo que los productores de agricultura biológica pidieron que “bio” solamente pudiera usarse en aquellos productos con certificación de origen correcta y que siguieran unos estándares.
Ahora, en vez de multitud de productos “bio”, tenemos multitud de productos “eco”. Linternas que funcionan con dinamo, cargadores solares para móvil, cocinas y hornos solares, productos de limpieza, maquillaje…
Muchos de estos nuevos productos cumplen con ciertas características, como no incorporar productos tóxicos y usar o aprovechar energías renovables.
Otros, en cambio, simplemente aprovechan el tirón que está experimentando el sector. Desde bancos que plantan un árbol por cada cuenta contratada hasta coches, cuyo constructor ofrece un vehículo con hasta 17 árboles de serie, con tal de neutralizar una parte de las emisiones que generará ese vehículo, que obviamente cuenta con los últimos avances que permiten una mayor eficiencia y una reducción en los niveles de contaminación.
Los pseudo productos “eco” invaden paneles publicitarios, cuñas de radio y estanterías de supermercados. Sin embargo, muchas de las pretendidas cualidades ecológicas de esos productos se desmoronan en cuanto empezamos a rascar, ya que la mayoría vienen en envoltorios excesivos, que a parte de consumir demasiado petróleo, generan una cantidad, yvolumen, de residuos muy importante.
Para que un producto sea realmente ecológico, no solamente se debería tener en cuenta el producto en sí, si no todo el proceso seguido para su producción, su presentación al usuario y la forma en que nos podemos deshacer de él y de sus accesorios.
Mientras haya “manzanas ecológicas” vengan en bandejas de poliestireno y envueltas en medio metro de papel plástico, no será “ecológico” todo lo que reluzca.







