La base española Juan Carlos I, en el continente antártico, aprovechará el 20 aniversario para actualizarse con un proyecto de reforma que incluye la autonomía energética con renovables, reduciendo aún más el escaso impacto ambiental de la base, ya que hasta los investigadores que habitan en la base durante el verano austral, recorren ladistancia que separa la base de la zona de desembarco en fila india para que no se queden sus huellas marcadas en la nieve.
Siempre quisimos que el impacto ambiental fuera el mínimo. Hemos ido mejorando. Ahora tenemos hasta dos generadores eólicos y paneles foto-voltaicos para que la base pueda seguir mandando datos aunque este vacía
Algunas de las acciones “cotidianas” que se llevan a cabo en la base antártica son por ejemplo el sistema de desembarco. Al no existir puerto, los barcos fondean lejos de la costa, se descarga todo en pequeñas lanchas y luego se lleva el material a tierra. La base también dispone de un sistema de depuración de aguas residuales y compactador de basuras, que luego se devuelven en los barcos que regresan a casa.
Actualmente, la energía necesaria para el mantenimiento de la base la proporcionan un generador diesel, dos pequeños aerogeneradores y unos cuantos paneles solares dispuestos por los alrededores, que permiten que la base siga mandando algunos datos incluso cuando se encuentra deshabitada.
Las reformas que empezarán pronto mejorarán aún más si cabe, el ya de por si poco impacto que deja esta base en el continente helado.
Fuente: El Periódico















