El calentamiento global se podría comparar con un tren en marcha. Un tren imparable por muchos frenos que intenten activar científicos y ecologistas. Aún siendo imparable, hay quien apuesta por alargar las vías y ganar tiempo por varios métodos.
Uno de estos métodos es la captura de carbono de la atmósfera, y una de las técnicas podría llegar a ser la fabricación de árboles artificiales que capturarían y almacenarían el CO2. Estos “árboles” serían capaces de procesar 1000 veces más CO2 que sus primos naturales.
Klaus Lackner, el investigador líder en este campo, cree que esta tecnología podría ayudar como tecnología transicional hasta superar la edad del petróleo:
Estos árboles artificiales pueden sobrevivir fácilmente a los combustibles fósiles. Si consideramos la posibilidad de una fuente barata de energía que produzca hidrógeno a partir de agua, este hidrógeno se podría combinar con el CO2 capturado, produciendo todo tipo de combustibles sintéticos, desde metanol hasta gasolina y diesel. De este modo el planeta dispondría de combustible hecho a partir de fuentes renovables. Este nuevo combustible sería limpio y no tendría ningún impacto en el balance de carbono.
Otra técnica por la que apuestan algunos científicos sería sembrar el océano con polvo de hierro para ayudar al crecimiento del fitoplancton, la base de la cadena alimentaria del mar y que consume una gran cantidad de CO2 de la atmósfera. La cantidad extra de fitoplancton aumentaría la capacidad de absorción de los océanos, ganando tiempo para conseguir deshacernos de los combustibles fósiles.
Planktos Inc, una empresa de San Francisco quiere empezar en breve a sembrar la zona que va desde la costa este norteamericana hasta las Islas Galápagos con 45 toneladas de este polvo de hierro.
Otros grupos, como la Agencia de Protección Medioambiental, creen que este proyecto es demasiado atrevido y ya ha advertido a Planktos que esta actividad se podría llegar a considerar como un vertido, por lo cual primero debería conseguir los permisos correspondientes.
Otros investigadores, como el Dr. Gabriel Filipelli, creen que el hierro se diluiría demasiado rápidamente en el agua.
El principal escollo para este plan es la potencial acidificación del mar y los posibles efectos ecológicos. Aún hacen falta más estudios que demuestren que no existen otros efectos no deseados y la cantidad de CO2 capturado.
Fuente: World Changing







