El cambio climático mueve mucho dinero. Tanto a nivel privado en instalaciones de energías renovables en viviendas o matrimonios sostenibles, a nivel de administraciones con contratos públicos, o a nivel estudio e investigación.
Todas estas iniciativas tienen el común denominador de encontrarse bajo la bandera de “la lucha contra el desastre que viene”. Inundaciones, tormentas tropicales, hambrunas, subidas del nivel del mar y nuevos paradigmas donde el futuro pinta muy negro.
Con la excusa del miedo, mucha gente unida a esta lucha está viendo como sus cuentas corrientes se inundan, pero no de agua, si no de muchos ceros. Consultorías, venta de películas, libros y críticas a los modelos de gestión actuales, donde los “nuevos dueños del mundo” se aprovechan de los desastres y las guerras para apretar un poco más las tuercas a la población y así satisfacer su voracidad… económica.
Pero ¿cual es la diferencia entre sacar dinero de la amenaza terrorista o de la guerra y sacarlo de la amenaza medio ambiental? Ninguna. Ambas luchas se basan en la lucha contra algo “invisible”, pero mientras una de estas luchas está mal vista, ya que la perdida de libertades no satisface a muchos, la otra, la lucha en favor de la Tierra, representa “un bien para todos”.
Vender la amenaza de la guerra ciertamente produce muchos beneficios a algunos. Pero en el otro lado, vender la amenaza del medio ambiente también genera enormes beneficios, y no solo está bien visto, si no que el escenario de la lucha, y por tanto el mercado, es mucho mayor. Desde las tribus perdidas que verán sus ecosistemas destruidos, hasta las ciudades occidentales, que serán inundadas por la subida del nivel del mar.
El miedo, igual que rebelarse, vende, pero si este miedo se tiñe de verde, se hace bastante más llevadero. Y si ese miedo nos amenaza a todos como “especie”, entonces estamos obligados a comprarlo.


Japón quiere embarcarse en un plan a cinco años para desarrollar una nueva fuente de energía, usando deshechos de madera para producir combustibles para vehículos que actualmente provienen del petróleo.
El presidente de la Generalitat, José Montilla, y el conseller de Medio Ambiente, Francesc Baltasar, visitaron hoy en El Prat las obras de construcción de la planta desalinizadora del Llobregat, que permitirá producir 60 hectómetros cúbicos de agua potable anuales. La planta, que entrará en servicio en mayo de 2009, cubrirá el 20% del consumo de agua de los 4,5 millones de habitantes de la región metropolitana de Barcelona.
El cambio climático está en boca de todos. Obvio para algunos y difuso para otros, sin duda será uno de los temas estrella para las próximas elecciones generales del 9 de Marzo.
El director de Medio Ambiente y Calidad de Iberdrola, Carlos Fernández Briones, presentó en la sede madrileña de la compañía la iniciativa ‘Huella Verde’, una herramienta on line con el fin de servir a los usuarios, clientes o no de Iberdrola, a reducir las emisiones contaminantes a través de sencillos gestos en sus propios hogares. El programa, vigente hasta el próximo 31 de diciembre, comienza con una meta: alcanzar una reducción de 5.000 toneladas de CO2 emitidas a la atmósfera.
La pequeña isla del Atlántico norte ya lleva un tiempo explorando las posibilidades del hidrógeno como combustible. Dispone de una pequeña red de distribución que alimenta camiones y coches, y próximamente también rellenará los tanques del primer barco comercial equipado con motores de hidrógeno.
España deberá obtener en 2020 el 20% de la energía consumida de fuentes renovables, más del doble de la producción actual, para contribuir así a la lucha contra el cambio climático. Este es el objetivo obligatorio que le asignó hoy la Comisión Europea.
Ayer martes 22, las cinco principales organizaciones ecologistas en España presentaron el documento Un Programa por la Tierra, que contiene propuestas de acciones concretas para incluir en los programas electorales de todos los partidos políticos.





